PRIMEROS AÑOS : El Aprendizaje Lingüístico ::
 

La oralidad viene precedida en la infancia por la “adquisición de códigos no-verbales”, toda una serie de expresiones corporales, faciales y auditivas, para comunicarse. Las madres y los padres que pueden dedicarle más tiempo a sus hijos en esta primera etapa, saben que su respuesta a esta expresividad desarrolla aún más esta capacidad expresiva en su bebé, como bien lo han hecho notar investigadores que abogan por la estimulación temprana.

Las expresiones auditivas se van especializando. Vienen las primeras palabras y el estímulo que reciben los niños al ver cómo los adultos reaccionan a sus primeros vocablos, los motiva aún más. Aquí viene igualmente la importancia de los padres que hablan constantemente con sus hijos, que les enseñan nuevas palabras repitiéndolas una y otra vez, que enriquecen su vocabulario, que les muestran el mundo a su alrededor y van nombrando todo aquello que aparece en el universo infantil. Esta estimulación oral temprana es de suma importancia!

Luego vendrán las primeras frases, las primeras descripciones, las elaboraciones más primitivas del discurso. A los seis años es muy fácil para profesionales de la educación dictaminar la pobreza lingüística de unos niños frente a otros; se puede observar la influencia oral que traen del hogar. Claro, hay muchas diferencias “naturales” entre uno y otro niño, hay incluso diferencias de género [las niñas son más locuaces, por ejemplo] pero es muy importante destacar que una marcada diferencia en oralidad de un niño puede producir desde muy temprana edad, en la clase, una marginación inicial que puede no llegar a ser superada en años subsiguientes Un maestro debe detectar esta falta de oralidad y tratar de corregirla pero debemos reconocer que esta labor no es nada fácil.

La familia y la escuela han dejado de ser los factores exclusivos del aprendizaje lingüístico de los niños. La televisión ha venido a ser un factor cada vez más determinante, con sus componentes publicitarios, los dibujos animados, el sarcasmo en la comedia, los estereotipos en las novelas, las transmisiones deportivas, los noticieros, la farándula, que irrumpen en la vida de los niños y unifican su lenguaje al volverlos televidentes del “lenguaje transmitido”.

¿Qué debemos hacer? Entender primero que no existe un modelo único a seguir, que cada padre, cada madre, cada maestro, debe lograr hacer un simple análisis de la capacidad oral de su hijo, alumno o grupo y estimular la oralidad en todos sus aspectos. Hay muchas diferencias entre niños y entre grupos, de acuerdo a su clase socioeconómica, a la homogeneidad o heterogeneidad del grupo, a su origen étnico, a su identidad regional o nacional, si se vive en un medio urbano o rural, que mal haríamos en tratar de esquematizar un modelo a seguir que pudiera ser medianamente exitoso.

Sin embargo, aparte de la estimulación oral temprana de los padres, hay otro factor que en todos los pueblos y culturas, es determinante para el desarrollo de la oralidad. Si un padre o una madre desean desarrollar una buena expresión oral en sus hijos, deben dedicarle tiempo a contarles cuentos. Ya sean leídos, ya sean historias de la familia, de los abuelos, del país o región de origen, ya sean cuentos infantiles tradicionales contados con nuevos matices, los niños no solo los gozarán, sino que alimentarán su creatividad, su gusto por las palabras y las historias. Los niños menores les encantan los poemas sencillos, rimados, pues la rima y el ritmo, como hemos visto, son conducentes a su fácil recordación. Y fácilmente terminan recitándolos.

© 2009 - Texto escrito por hugo cuevas-mohr - Por favor citar la fuente.
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