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GRECIA: Corax y Tisias
La declamación en la Grecia Antigua nace en unión a la poesía y el canto: nacieron del mismo tronco ya que los primeros músicos y cantores eran poetas y declamaban y cantaban sus obras de pueblo en pueblo. Estos juglares y rapsodas incluían textos en sus interpretaciones muchas veces desprovistos de música y canto, se constituían en verdaderas declamaciones.
La Ilíada y la Odisea son claros ejemplos de larguísimos poemas que fueron pasados de boca en boca probablemente con versos compuestos por diferentes autores.
Como la mayoría de las artes en la antigua Grecia, la declamación, junto a la Oratoria, tiene su época dorada en el siglo V antes de Cristo, en la era de Pericles. Había muchos festivales donde la poesía declamada tenía una participación importante, como en las justas deportivas, las olimpiadas y demás celebraciones donde las composiciones a los dioses, a las hazañas heroicas, a los regentes de turno, tenían singular preferencia.
Con el advenimiento y la popularización de la escritura, los poemas pasaron de ser orales, de transmitirse de maestro a discípulo, a difundirse por medio de sus versiones escritas. La poesía escrita fue forjando su camino entre los estamentos educados de la sociedad, independizándose poco a poco de su origen vocal y de la música.
La Oratoria y la Retórica, que nacen para responder a exigencias jurídicas, adquieren fundamentación y contenido filosóficos merced a las formulaciones de Aristóteles. En el 465 antes de Cristo, se estableció en Sicilia un centro de enseñanza de oratoria. Corax escribió un tratado sobre el arte de la oratoria, ampliamente difundido en toda Grecia y que fuera complementado por su discípulo Tisias.
La importancia de la oratoria era sustancial: en todas las ciudades-estados, donde nació y se desarrolló la democracia participativa, la opinión de los demás era vital para los políticos. Los grandes oradores afianzaban su poder y su influencia por el uso de la palabra. Algunos de estos oradores usaban sus dotes para declamar también sus obras líricas o épicas – poemas – que presentaban en ocasiones especiales, frente a un público selecto pero rara vez frente al pueblo.
Los poetas de la antigua Grecia recibían adiestramiento en el arte de declamar ya que normalmente declamaban sus propios poemas pues su éxito o popularidad dependía de su interpretación pública, más que de la calidad de sus versos. La oratoria les daba a estos poetas las herramientas para comunicar, para convencer y mover al público que les escuchaba. La gran importancia de la "interpretación pública" como elemento primordial en la calidad de un poema, es muy interesante pues en el movimiento del slam que describimos en Nuevas Tendencias, este es un punto que se retoma y se le da primordial importancia.
ROMA: Cicerón, De Oratore y el recitatio... El arte de la oratoria griega lo heredó Roma y su influencia se dejó sentir en los siglos II y III antes de Cristo. Formaba parte de la educación de los jóvenes romanos y desde muy temprana edad se escogían los alumnos más aventajados como discípulos de los oradores destacados del momento.
La etapa más floreciente de la oratoria se dio con Cicerón, el orador más famoso de la antigüedad. Cicerón, nacido en el 106 antes de Cristo cerca a Roma llegó a las altas esferas políticas romanas – incluso a ser cónsul – por su capacidad de convencer, de emocionar y de agradar. Escribió un tratado de oratoria, De Oratore, en el 46 a. de c. en el cual describe el arte de la oratoria y da consejos y sugerencias sobre las diferentes formas de hablar bien, según el público, el tema tratado y el objetivo que se pretende.
Declamadores de hoy en día pueden encontrar en esta obra puntos de vista interesantes para adaptar a su propio estilo. Oradores romanos, hombres políticos como Nerón, Haterio, Tiberio, aprendieron las técnicas de la oratoria para ser más convincentes y lograr obtener su éxito político. Igualmente utilizaron estas enseñanzas para declamar sus propias obras, algunas de las cuales buscaban la belleza y nobles sentimientos.
En el paso de la república al imperio, en el primer y segundo siglo después de Cristo, floreció en Roma el “recitatio”, que eran reuniones de la alta sociedad donde el anfitrión – o un poeta invitado por él – leía sus poemas ante un público que por costumbre de la época debía expresar vivamente su satisfacción o insatisfacción por los versos presentados, por la temática tratada, etc.
Lo interesante es que sabemos más de los “recitatio” por los poetas y escritores de la época que criticaron y se mofaron de estas reuniones por considerarlas elitistas, insulsas y totalmente falsas. Habían casos en que el anfitrión tenía entre el público seguidores y familiares recompensados con dinero que manipulaban la audiencia con sus exageradas expresiones emocionales, llorando inconsolablemente ante cualquier verso sentimental, aplaudiendo frenéticamente, etc.
Juvenal, el satírico escritor romano, escribió que estas “recitaciones” era uno de los riesgos a la salud de vivir en Roma pues aparte del desplome de edificios públicos, enfermedades contagiosas e incendios, morir de aburrimiento en estos recitales era lo peor que tenía la ciudad. Horacio, Petronio, Séneca, por nombrar tres escritores, criticaron abiertamente el falso valor de estas recitaciones.
Petronio incluyó en su obra “Satiricón” a un personaje que declama versos en galerías de arte, en el mercado, en edificios públicos, hasta que es finalmente callado a piedra por una muchedumbre fastidiada.
La forma fue opacando el contenido y la retórica se volvió hueca y sin sentido. Los oradores aparecían por doquier manipulando al público con sus técnicas exageradas y el desprestigio de la oratoria y la declamación fue tal, que su enseñanza fue ridiculizada y llegó incluso a prohibirse.
Poetas serios de la época – y épocas subsiguientes - despreciaron la lectura o declamación de sus propias obras ante el público, queriendo distanciarse de la farsa circundante para así diferenciarse de ellos y exigir que sus obras fueran valoradas por lo que eran, independientes de su autor y de cualquier manifestación diferente del verso escrito. Es interesante que muchos poetas a través de la historia moderna, han seguido compartiendo esta visión de la poesía, distanciada y distante de su creador.
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