LA NUEVA DECLAMACIÓN - El rechazo a los patrones declamatorios del siglo XX ::
 

¿En qué momento se comenzó a dar el rechazo de los patrones declamatorios de principios y mediados del siglo XX? Es difícil precisarlo, sin embargo nos basaremos en el excelente ensayo de Ana Porrúa “La puesta en voz de la poesía” para tratar de tener una aproximación a este cambio.

Ana Porrúa nos dice: “¿Cómo pensar la escucha en la poesía, cómo recuperar y distinguir los modos de escuchar y de decir el poema? ¿A qué se deben las transformaciones de tono, los cambios en la prosodia? ¿Cuánto hay de estilo personal y cuánto de escena cultural en la puesta en voz?”. Y sigue adelante comentando que incluso en el manejo de la voz ha habido una transformación: “Existe una extraña relación entre el tiempo y las voces. Se podría decir que hay voces antiguas, aquellas que reconocemos en determinadas películas o discos (Humphrey Bogart o Edith Piaf, por ejemplo); no se trata sólo del timbre sino, sobre todo, de los modos de decir. La dicción, la entonación de la frase, las variaciones de velocidad tensan una voz hacia el pasado o la vuelven contemporánea.

Me atrevería a decir que las lecturas de sus poemas, de poetas que tuvieron gran acogida entre el público, como Pablo Neruda, Juan Sabines yMario Benedetti, influenciaron ciertamente el tono y el modo de abordar la poesía. Ana Porrúa, analiza la lectura de Neruda en estos términos: ¿Quién no ha escuchado Veinte poemas de amor y una canción desesperada? ¿Quién no ha escuchado idéntica dicción en Alturas de Machu Pichu? Neruda decía igual el poema amoroso que el poema político. Esta homogeneidad es el efecto de una modulación siempre lenta, o de base suavizada, que marca las sílabas como si se tratara de tonos y semitonos, con un fraseo siempre lento pero que se alarga más en algunas sílabas. Sobre esa lentitud avanzan ciertos crescendos y esa combinatoria es la base de un modo de recitar que arma una fuerte tradición a la que se agregan Rafael Alberti, Federico García Lorca e incluso Severo Sarduy, entre muchos otros. El poema en la voz del poeta se convierte en un fragmento discursivo diferencial y melódico, en un “canto”.

Y Ana Porrúa termina comentando sobre Neruda: "La voz de Pablo Neruda , o la imitación de su modo de decir, ha instalado una especie de “escucha forzada”, esa cualidad que Barthes destaca en relación a los discursos religiosos en los que el sacerdote habla y los fieles son “escuchadores” que descifran. Porque, efectivamente, lo que se escucha es la alabanza o la prédica como modo de decir lo poético. El tono exclamativo y la analogía posible de esta voz con el canto distancian a quien oye de esa materia que se va desplegando sonoramente, o mejor dicho lo sitúan ante lo poético a fuerza de encantamiento. De hecho, en Chile, la impronta de Neruda en el recitado sigue siendo muy fuerte…

Ciertamente quien ha escuchado a Neruda puede identificarse con las palabras de esta ensayista y poeta argentina. Igualmente podemos decir lo mismo del poeta mejicano Jaime Sabines. El poeta uruguayo Mario Benedetti se distancia un poco de estos dos poetas al presentar una lectura mucho más natural, cotidiana, coloquial, de una amigo que nos habla al oído, que nos narra un sentimiento, un pensamiento.

El poeta argentino Juan Gelman, que tiene una excelente voz y una dicción suave y melódica al leer sus poemas, se adentró en la tarea de grabar los poemas de Ruben Darío con una lectura “a la que le resta “antigüedad” y, en parte, la desaloja de una época al quitarle solemnidad y esteticismo formal. Gelman lee melódicamente a Darío, pero con una melodía ajena, con otro ritmo”. Ana Porrúa en su ensayo analiza minuciosamente las diferencias tonales y expresivas de Gelman y la cadencia que le da esa nueva vida a los poemas de Darío al traerlos a una nueva voz, más acorde con la época actual.

Y así mismo, paralelamente y posiblemente a causa de estas "lecturas", ha ido cambiado la declamación de poesía. A diferencia de la poesía slam que examinamos en otra sección de este sitio, en la cual el tono es fuerte, agresivo, de protesta, la nueva declamación es más natural, intima, en la cual la voz y su modulación, casi sin desplazamiento escénico y sin gestualización, son las que llevan al poema a los oídos del que lo escucha, realzando las palabras y el sentido, deshaciéndose de cualquier tipo de teatralidad.

La escritora colombiana Margarita Valencia en su ensayo “Decir o declamar”, escribe en 2008 en su blog Palabras Desencadenadas: “…quien despojó a la noche de la rutilancia de la marquesina [un homenaje al poeta colombiano León de Greiff] fue Nicolás Suescún, que empezó su lectura hablando de sus recuerdos de infancia del poeta [De Greiff], escribiendo en un café al otro lado de la calle; y con eso lo instaló entre nosotros y lo vimos metiendo la mano al bolsillo, de donde siempre sacaba algo de comer; y sus poemas dejaron de ser algo arrancado de un libro, desarraigado, y se volvieron palabras para pronunciar en la intimidad.” Y luego Margarita pasa a concluir: “Y eso es lo que va de decir un poema a declamarlo: la posibilidad de compartirlo sin que deje de ser algo privado, de apropiárnoslo sin exhibir desvergonzadamente sus entresijos al sol”.

Es claro: estamos en un cambio de estilo declamatorio: del estilo tipo Berta Singerman, de la declamación teatralizada, a una declamación tan sencilla y natural, donde el poema ya no se “declama” sino que se “dice”, como conceptúa Margarita Valencia. El proceso de cambio en estilo declamatorio hacia un estilo más natural que lleve el sentimiento profundo hacia una expresión desprovista de exageradas modulaciones de voz [de teatrales - casi operáticos - manejos de la voz], es un proceso que tomará tiempo, sobretodo en instituciones educativas, mientras los maestros cambian sus patrones de enseñanza de este arte.

- Para leer el interesante artículo de Ana Porrúa siga este enlace: ensayo
- Para leer el interesante artículo de Margarita Valencia en su blog siga este enlace: ensayo Margarita

© 2009 - Texto escrito por hugo cuevas-mohr - Por favor citar la fuente.